¿TRUMPONOMICS? UN TRIUNFO MÁS DEL NEOLIBERALISMO TARDÍO. La insoportable levedad de las hipótesis: “proteccionista” y “des-globalización” por José Francisco Puello-Socarrás

La asunción de Donald Trump como presidente de los Estados Unidos ha popularizado distintas hipótesis sobre un supuesto perfil anti-neoliberal del nuevo mandatario. Se especula que esta etiqueta incidirá sobre las futuras definiciones del gobierno.

En materia de políticas económicas internas se invoca el anti-neoliberalismo de Trump como la impronta determinante.

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En cuestiones relativas al Libre Comercio, tópico en el cual Trump se ha mostrado particularmente “crítico” -por momentos despectivo en los avatares de la carrera hacia la presidencia- varias voces vaticinan giros dentro del proceso de globalización neoliberal.

Algunos pronósticos sobre la línea económica por venir le han endosado (gratuitamente) al nuevo presidente una suerte de “proteccionismo”, rasgo que presuntamente caracterizaría el pensamiento económico de Trump.

A partir de lo anterior, se ratifica el inminente “fin de ciclo” en la orientación económico-política neoliberal de los Estados Unidos [ver Atilio Boron, “Trump: el otro fin de ciclo”:http://bit.ly/2fhihZ0 o Nancy Fraser, “El final del neoliberalismo ‘progresista’”:http://bit.ly/2iqoPra].

La euforia presente en este tipo de análisis ha llegado hasta el punto de profetizar además una futura nueva fase de “des-globalización”, en la cual una de sus hierofanías sería la victoria de Trump [ver Fernando del Corro, “Trump y el camino hacia la desglobalización”: http://bit.ly/2iO7eJg].

El neoliberalismo o, como eufemísticamente se lo denomina, la globalización, ha sido la identidad característica de la economía política de los EE.UU., al menos, desde los tempranos tiempos de la reagonomics en la década de 1980s y hasta la obamania ya entrado el nuevo milenio.

Este proyecto político de la clase capitalista transnacional ha sido la guía básica de las directrices políticas e ideológicas (desde luego, las políticas públicas, sin olvidar las implicaciones en términos militares), tanto a nivel doméstico pero, sobre todo, internacional del imperialismo contemporáneo, en cabeza de los EE.UU.

En el balance histórico, las élites estadounidenses son indudablemente las ganadoras de la globalización neoliberal [ver JF Puello-Socarrás, “¿Quién gana con la globalización?”:http://bit.ly/2iUYo8T].

Por lo anterior, ¿hasta dónde resultaría verosímil pensar que los augurios que antes reseñábamos serán los escenarios probables que le deparan a la principal (aunque declinante) potencia económica y militar a nivel mundial en los próximos años?

Lo gaseoso se desvanece en el aire: la desglobalización proteccionista como predicción

Las sobrestimaciones acerca del proteccionismo de Trump han pasado por alto que esas apreciaciones han sido construidas bajo el manto de la provocación mediática y al calor de la campaña por la presidencia de los EE.UU.

Este tipo de escenarios contribuyeron para la difusión ampliada y, sobre todo para la confusión, de algo que si se analiza más allá de la superficialidad del espectáculo mediático y sus rumores resulta, a todas luces, vago e insostenible.

Uno de los principales responsables en propagar este tipo de galimatías, a la postre acogidos acríticamente por las inicuas predicciones (proteccionista y des-globalización), es el premio nobel de economía (2001), ex jefe de asesoría económica del Banco Mundial (1997-2000), y hoy habitué de los foros auspiciados por el Fondo Monetario Internacional (FMI) para “solucionar” la crisis capitalista global, Joseph Eugene Stiglitz.

Stiglitz apoyó la campaña de Hillary Clinton y fue su asesor principal en temas de política económica y comercial. No hay que olvidar tampoco el pasado laboral y las relaciones que siempre ha mantenido Stiglitz con la familia Clinton desde los tiempos en que actuó como asesor gubernamental en el Consejo de economistas durante la primera administración de Bill Clinton en la década de 1990.

Acertadas o no -pues este no es el problema en este momento-, diversas acusaciones promulgadas por Stiglitz contra Trump tienen entonces como trasfondo inmediato las simpatías personales, las preferencias electorales, los intereses laborales y, por supuesto, las convergencias ideológicas y políticas que median entre Clinton y Stiglitz.

Por ejemplo, se hicieron virales las entrevistas donde Stiglitz -también profesor en la Universidad de Columbia- declaraba que si tuviera la oportunidad de calificar los conocimientos básicos sobre economía del candidato Trump, le otorgaría una “F” (la más baja calificación según el sistema americano) [http://bloom.bg/2cVy1P7]; los pronunciamientos en los cuales insistía que Trump como candidato y, peor aún, como presidente sería: “(…) un riesgo muy grande para la economía global” [http://bit.ly/2fRW58q]; y, finalmente, afirmando categóricamente que Trump: “(…) es básicamente un proteccionista” (énfasis propio) [http://cnnmon.ie/2fSWtS3].

El tema de mayor recurrencia en estos debates públicos ha tenido que ver con el Libre Comercio.

Las controversias giraron en torno a los Tratados internacionales que los EE.UU. mantienen con diferentes países y regiones como el NAFTA (Tratado de Libre Comercio de América del Norte) o el CAFCA (con Centroamérica y el Caribe).

Sin embargo, las discusiones más sensibles se registraron frente a los tratados venideros como el TPP (Trans-Pacific Partnership) y el TTIP (Transatlantic Trade and Investment Partnership) con la Unión Europea.

Una vez elegido Trump, la agenda para los primeros cien días del nuevo gobierno ratificó la intención que, desde el primer día en el Despacho Oval, el nuevo presidente “renegociará” el NAFTA y “retirará” los Estados Unidos del TPP [http://bit.ly/2iqqHPR].

Resulta bastante curioso que, más allá de los panegíricos dedicados a Hillary Clinton o las descalificaciones hacia Donald Trump, Stiglitz haya siempre destacado que la oposición hacia esas formas de Libre Comercio era mantenida por ambos candidatos. Constantemente subrayó que, en lo fundamental, la diferencia entre Hillary Clinton y su contendor estaba en el hecho que Trump: “va demasiado lejos (goes too far), en estos temas [http://cnnmon.ie/2fSWtS3].

Para el caso puntual del TPP, tanto Clinton como Trump efectivamente se pronunciaron en contra de este acuerdo, el cual –tampoco hay que olvidarlo- fue impulsado y defendido tenazmente por la administración de Barack Obama (a la cual perteneció Hillary Clinton).

Varios aspectos de este aparente acertijo se explican cuando se esclarecen, en sentido estricto, en qué consisten las “críticas” a los Tratados de libre comercio, de Trump a Clinton, desde luego, pasando por la retórica de Joseph Stiglitz.

Lo que definitivamente sí puede verificarse, a partir de análisis diagnósticos y no con base en rumores y provocaciones, es que estas “críticas” a los Tratados de Libre comercio (TLC’s) no significan necesariamente críticas a la idea de Libre Comercio (Total) -como alguna vez lo denominara Jairo Estrada-. Ellas están dirigidas hacia los Acuerdos, las formas de implementación y las políticas que en medio de la crisis sistémica desean mayores ventajas para los EE.UU. Una y otra cosas están relacionadas pero son ciertamente distintas.

Críticas neoliberales al neoliberalismo. Libre Comercio y Acuerdos de Libre Comercio

Fue el propio Stiglitz quien se pronunció ab origine –y, en adelante, cada vez que tuvo la oportunidad- calificando el TTP como: outrageous, una expresión que en español traduce: “indignante”, “vergonzoso”, “ultrajante”, “atroz”, “descarado”, “inaudito”, “espantoso”, “monstruoso”.

Estos motes, pronunciados por el principal asesor económico de la campaña de H. Clinton, ¿no irían demasiado lejos, si se los contrasta frente a los pronunciados por el mismo Trump durante la campaña presidencial?

No es la primera vez que Stiglitz se ha referido en este tono sobre los Tratados comerciales de los Estados Unidos.

Desde hace varios años, Stiglitz es reconocido como uno de los más acérrimos opositores a estos Acuerdos, los cuales no ha dudado de calificar como una “farsa” porque en su opinión no existe “un régimen de libre comercio auténtico” sino “un régimen de comercio dirigido, que coloca por delante los intereses empresariales, y un proceso de negociaciones que no es democrático ni transparente (ver Stiglitz, “La farsa del libre comercio”: http://bit.ly/28Ni3Sl).

Aquí, tal y como reza un refrán anglosajón: el diablo está en los detalles, y varias connotaciones (“democrático”, “transparente”, etc.) pueden confundir.

Las críticas realizadas al régimen de libre comercio “dirigido” -la farsa en términos de Stiglitz- están diseñadas para reclamar la necesidad de una versión “auténtica”, un libre mercado puro, como lo aclara él mismo:

Soy un crítico de la manera en que se han implementado ciertas versiones del capitalismo… Creo que el capitalismo irrestricto, la desregulación que fue uno de los ejes del capitalismo norteamericano desde el principio de la presidencia de Reagan, es una era que ha llegado a su fin… lo que realmente he defendido es una forma más pura de economía de mercado… [énfasis propio] (ver Oppenheimer, “Los consejos de Joseph Stiglitz”: http://bit.ly/2jRtaDU).

Alrededor de esta matriz ideológica básica, paradigmática de los tiempos del neoliberalismo del siglo XXI, convergen –si bien con matices- las “críticas” a los tratadosde Libre Comercio en las versiones de H. Clinton y D. Trump.

Este tipo de oposición frente a los acuerdos de Libre Comercio “dirigido” ha estado siempre aggiornada por sucesivas exaltaciones al Libre Comercio “justo” tanto por Stiglitz -así se titula uno de sus libros sobre este tema publicado en 2006: Fair Trade for All / “Comercio Justo para Todos”- como por Trump: America needs ‘fair trade’ not ‘free trade’(“Los Estados Unidos necesitan ‘comercio justo’ no ‘libre comercio’”) [http://bit.ly/1npweVh].

Lo anterior toma aún mayor fuerza cuando, en la perspectiva del capitalismo hoy vigente, se advierte un tránsito fundamental:

  1. El abandono contemporáneo de la desregulación como presupuesto económico y político, la cual ha sido no sólo criticada sino también desechada por el propio neoliberalismo (gobiernos e instituciones internacionales como el Fondo Monetario, el Banco Mundial, etcétera); y,
  2. La reciente elevación de la regulación (estatal) como el principio organizativo sine qua non para el “buen funcionamiento” del capitalismo de (libre) Mercado.

Aquí no debe confundirse la regulación estatal con el intervencionismo de Estado, pues la primera aún es una planeación descentralizada basada en lógicas de mercado, especialmente en el ámbito internacional. Desde luego, las expresiones mercado “regulado” y “auténtico”, se conectan perfectamente, tal como insistía anteriormente Stiglitz.

No resulta una casualidad que tanto para el neoliberalismo tardío (especialmente, posterior al choque financiero de 2008) como para las propuestas específicas de Trump, la palabra clave sea: regulación (ver JF Puello-Socarrás, “Críticas neoliberales al neoliberalismo”: http://bit.ly/2jwBK7z).

Trump: Más neoliberalismo (con dosis de regulación)

Basta con echar una mirada a las “Posiciones” de la plataforma presidencial de Trump, titulada: Make America Great again (“Hacer nuevamente grande a los EE.UU.”:https://www.donaldjtrump.com/policies/) para advertir que cualquier predicción proteccionista o desglobalizadora hacia el futuro resulta una necedad.

Allí se evidencia que el horizonte de la regulación aplica no sólo para las líneas de política referidas a temas específicos -como el “Comercio” (position #15)- sino que engloba las visiones de la gran mayoría de los planteamientos (especialmente el capítulo dedicado a este tópico: Regulations, position #13).

En sintonía con el neoliberalismo de nuevo cuño (regulado), la visión definida por Trump para el tema comercial habla textualmente de (re)negociar tratados justos. Más que una novedad, este ha sido una línea de política históricamente reclamada por los círculos neoliberales ortodoxos estadounidenses [ver Bergsten, “The United States in the World Economy”: http://bit.ly/28J2gGS%5D. Y aunque también se habla en uno de sus ítems “retirarse” del TPP, los demás puntos no suponen ni un regreso al proteccionismo ni tampoco un giro hacia la desglobalización. Mucho menos un previsible inicio de ciclo anti-neoliberal. Todo lo contrario.

Los nombramientos realizados por Trump para el próximo gabinete en los EE.UU. (ver Waldman, “¿Podemos dejar ya de fingir que Trump es un “populista”?:http://bit.ly/2jdQcn8), entre varios hechos, van confirmando paulatinamente que el objetivo será materializar avances tácticos dentro del proyecto estratégico (neoliberal) para los Estados Unidos, con todo lo que ello implica en los sentidos económico, político, militar.

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