COLOMBIA: resuenan de nuevo los tambores de la guerra contra los pueblos de Nuestra América

El pasado 7 de agosto, se posesionó Abelardo de la Espriella (ADLE) como presidente de Colombia. Su posesión estuvo antecedida de un importante debate referido a las acusaciones de fraude electoral lideradas por Gustavo Petro —el presidente saliente—; por masivas manifestaciones sociales que rechazan las amenazas proferidas por el entonces candidato sobre “destripar a la izquierda” (sic); la activación de la desobediencia civil liderada por Iván Cepeda; y, por el debate parlamentario para habilitar la posesión presidencial fuera de lugar en una guarnición militar en un espacio distinto al congreso nacional el cual tiene sede en Bogotá.

El inicio de este nuevo período presidencial (2026-2030) enciende las alertas sobre un escenario que, entre otras cosas: profundizaría las condiciones de explotación y precarización de las condiciones de vida de las clases trabajadoras avanzando con medidas como la eliminación de los impuestos al patrimonio y un paquetazo regresivo de ajuste fiscal; detonaría una crisis humanitaria ante la escalada de las violencias que se podrían desprender de los anuncios sobre el retorno de los bombardeos por parte de las fuerzas armadas, las fumigaciones con glifosato —contratos mediante— y el final de la institucionalidad construida los últimos años para alcanzar la paz estable y duradera que mandató el Acuerdo de 2016; amenazaría la capacidad ecosistémica de varias regiones y generaciones al habilitar la explotación no convencional de hidrocarburos —el fracking o fractura hidráulica, ni más ni menos que el neoliberalismo energético— y la explotación minera indiscriminada en diferentes zonas protegidas, como los páramos. Este repertorio inicial ubicaría a Colombia en una posición de plena subordinación al imperialismo estadounidense —al respecto, es ilustrativo que Nate Morris, futuro embajador, fue quien anunció el retiro del país suramericano de la ruta de la seda—.

Para Nuestra América resulta ser de la mayor preocupación el reposicionamiento de Colombia como la otrora retaguardia estratégica de los Estados Unidos. Y como es conocido el mismo Departamento de Estado anuncia que: “Con más de 200 años de amistad, la administración Trump espera trabajar estrechamente con la nueva administración para garantizar la seguridad y la prosperidad de Estados Unidos, Colombia y nuestro hemisferio”. Estos signos explican la decisión de apoyar a Colombia como el país con un “paquete de seguridad” de USD 1.000 millones y el relanzamiento de un Plan Colombia 2.0 así como el ingreso del país al mal llamado: “escudo de las Américas”.

La “Patria milagro”, mote con el que ha sido bautizado el proyecto neo-liberal-fascista del nuevo gobierno, entraría a engrosar la internacional reaccionaria que se teje con fuerza en Nuestra América, amenazando las gentes del Común y las clases trabajadoras de todo el hemisferio, del Río Bravo a la Patagonia.

 


Reiteramos nuestra solidaridad con los sectores sociales populares de Colombia, las víctimas y sus familias del terremoto ocurrido en la mañana del 10 de agosto suceso trágico en el cual han perdido la vida millares de compatriotas de la Patria Grande nuestramericana.

Nuestra América, 10de agosto del 2026.

SEPLA

Junta Directiva

2026-08-10-SEPLA-comunicado-posesión-presidencial-Colombia.pdf

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