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El 20 de enero asumió un nuevo gobierno en EEUU y Donald Trump juró como su 45° Presidente. El discurso inaugural no es muy distinto del de campaña hay generalidades y escasos anuncios específicos. Su programa económico está dirigido a los desplazados de la globalización a los que les prometió reindustrializar los Estados Unidos para que haya fuentes de trabajo para los norteamericanos. Con ese fin realizaría una política de sustitución de importaciones, cuyos principales instrumentos serían: aumento de los aranceles a la entrada de productos “maquilados”; redefinir y acotar los tratados de libre comercio, como el NAFTA; rechazar los tratados plurilaterales como el Transpacífico; bajar los impuestos y subsidiar a las corporaciones que vuelvan a producir dentro de los Estados Unidos.

Para aumentar el nivel de actividad realizaría un shock de demanda tipo keynesiano a través de del grandes inversiones en infraestructura financiada en parte por el Estado y en parte por el sector privado. La expulsión de los trabajadores inmigrantes “ilegales” – que tienen menores salarios y prestaciones – es otra de las medidas para favorecer a la mano de obra local. Todo lo anterior enmarcado en un discurso xenófobo, básicamente contra mexicanos y musulmanes.

Otro punto de su plataforma de indudable importancia es su rechazo a los acuerdos contra el calentamiento global y su decisión de utilizar al máximo las energías tradicionales, incluido el fracking.

Desde el punto de vista geoeconómico define a China como su principal enemigo y apunta a restringir la expansión comercial, financiera y la inversión extranjera directa de China en el mundo. Complementariamente plantea una política de alianzas con Rusia y sus aliados para lograr la estabilidad en Oriente Medio garantizando el acceso al petróleo y reduciendo el flujo de refugiados. Busca, también, el acercamiento con todas aquellas fuerzas políticas europeas de derecha que tienen como bases sociales a los desplazados por la globalización, tales como los líderes del Brexit en Gran Bretaña y Marie Le Pen en Francia.

Con esa misma lógica sus aliados naturales en América Latina serán los países gobernados por la derecha y, por supuesto, serán considerados enemigos los gobiernos de izquierda y los que fomenten el avance Chino en el continente.

Para instrumentar ese programa su gabinete de gobierno incluye la presencia de personajes del poder económico estadounidense y mundial.

El petrolero Rex Tillerson estará a cargo de la Secretaría de Estado. Un canciller que viene de presidir la EXXON MOBIL, transnacional continuadora de la Standard Oil y el clan Rockefekller, con un trayecto empresarial de saqueo y explotación en su dilatada evolución.

Con Tillerson al frente de la EXXON desde 2006, EEUU recuperó el primer lugar como productor mundial de hidrocarburos, lo que fue posible gracias a la explotación de los “no convencionales” y la tecnología de la fractura hidráulica (fracking), altamente contaminante y depredadora de los bienes comunes.

Para la Secretaría del Tesoro se designó al banquero Stven Mnunchin, de Goldman Sachs y especializado en actividades de especulación en fondos de inversión. Un hombre de Wall Street, sede de la responsabilidad en la crisis del 2007/08 con irradiación mundial.

Otros cargos son cubiertos por millonarios que solo reconocen la lógica de la ganancia, la acumulación y la dominación capitalista. Todos comprometidos en HACER GRANDE A EEUU NUEVAMENTE.

Mucho se especula sobre el destino de EEUU y del sistema capitalista con Trump al frente de la potencia hegemónica, más aún con sus pronunciamientos “proteccionistas”.

Curiosamente en Davos, sede del FORO ECONOMICO MUNDIAL, fue el gobernante chino Xi Yinping quien defendió la globalización y la apertura de la economía mundial.

Desde la SEPLA manifestamos que nada favorable pueden esperar la clase trabajadora latinoamericana del nuevo gobierno estadounidense. La pugna entre las fracciones del capital proteccionistas y las globalizadoras puede generar múltiples combinaciones de políticas, pero todas ellas se inscribirán dentro de la ofensiva del capital para trasladar los impactos de la crisis a los países periféricos y a las clases subordinadas. El capital hegemónico ha sido, en mayor o menor medida, proteccionista en los países centrales a la vez que y busco la liberalización total en la periferia.

Vale mencionar que los principales Estados capitalistas han generado una estructura internacional de organismos y reglas para la liberalización del mundo dependiente, con todas las garantías para que no puedan ser modificadas las prácticas proteccionistas por ellos mismos desplegadas.

Es importante destacar que el triunfo de Trump y, anteriormente, la victoria del Brexit, muestran que el descontento social por la globalización – medido en términos de pérdidas de empleos, bajas de ingresos salariales, empobrecimiento y crecimiento de la desigualdad – encuentra su representación política en fuerzas de ultraderecha y ultranacionalistas.

Ello habla de una crisis en el pensamiento y la práctica política alternativa al orden capitalista y nos compromete a profundizar el estudio crítico de la realidad del capitalismo contemporáneo. A bucear en el reconocimiento de las practicas anticapitalistas que se procesan en todo el mundo y sistematizar una concepción teórica para el cambio y la revolución.

Con el gobierno de Trump se profundizará la ofensiva del capital y el papel imperialista de los Estados Unidos – muy probablemente con políticas de mayor nivel de intervención y belicosidad – para imponer sus intereses al resto del mundo. Ante esta agudización de las contradicciones entre el trabajo y el capital nos comprometemos como SEPLA a continuar la lucha por articular respuestas adecuadas con las/os trabajadoras/es y los pueblos para transitar un camino de emancipación social, contra el capitalismo y el imperialismo.

Nuestramérica, 23 de enero de 2017

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