Argentina en venta
La guerra es una calamidad social que se manifiesta en muertes y devastación de infraestructura y condiciones de vidas, en Gaza o en Teherán, al mismo tiempo que aumentan los precios de las commodities, especialmente el petróleo y las materias primas asociadas a los alimentos, y con ellos, la inflación como mecanismo regresivo de la distribución del ingreso.
Por su parte, el belicismo incrementa el gasto militar mundial y disputa los usos sociales de los recursos públicos. Más inflación y presupuesto bélico está vinculado al endeudamiento público y privado, potenciando las tendencias especulativas del objetivo capitalista por la rentabilidad.
Resulta entristecedor observar como los grandes capitales y los gobernantes que los representan se frotan las manos pensando en jugosos ingresos, ganancias e incremento de una dinámica propia de acumulación y de poder.
Muerte, destrucción, junto a las ganancias y la acumulación son elementos esenciales del escenario de guerra. La violencia está en el origen y en la continuidad del orden capitalista. No hay novedad, es una constante y convoca a frenarlo y revertirlo.
Una feria para las inversiones en Nueva York
En ese marco y con el crecimiento de la producción y exportación de energía, la Argentina presenta en Nueva York su feria para futuras inversiones: “Argentina Week”.
A la ciudad neoyorkina se trasladó la cabeza del ejecutivo nacional para ofertar al país, especialmente la disponibilidad de bienes comunes. La expectativa son inversiones mineras, energéticas, agro ganaderas y del sector de la economía del conocimiento, potenciando la alianza con el capital financiero mundial.
Las inversiones buscadas constituyen la salvación de la política oficialista, especialmente ante la caída del consumo.
El gobierno sabe que el crecimiento económico tiene su debilidad en la caída de la producción industrial, del comercio y la construcción, sectores preponderantes al momento de definir el empleo.
Ante el cierre de empresas y el desempleo creciente, la alternativa de empleo es informal, sin registración ni seguridad social.
Por eso hay necesidad de radicar inversiones externas que aumenten la producción y la exportación, asegurando ingresos de divisas que puedan resolver el cumplimiento de importantes vencimientos de deuda.
Hasta ahora, el ingreso de divisas provenía de las ventas del complejo sojero y agro-ganadero más el endeudamiento y la especulación financiera.
Ahora aparece como novedad el sector minero, el energético y el de la economía del conocimiento.
El sector energético fue superavitario en 2025, con exportaciones por 11.000 millones de dólares e importaciones, especialmente combustible, por un poco más de 3.000 millones aproximadamente.
Con el crecimiento del precio internacional del petróleo y el gas por el ataque militar sobre Irán, el gobierno liberal libertario especula con atraer inversores hacia el modelo productivo imaginado: agro-negocio de exportación, minería, energía, economía del conocimiento y finanzas.
Piensan en potenciar las inversiones externas, especialmente cuando el consumo aparece debilitado por ingresos populares, salarios y jubilaciones, disminuidos. Pero también es floja la inversión local. Necesitan compensar la baja del consumo con el aumento de la inversión.
Shock externo e inflación
Claro que el shock externo incrementa la inflación internacional y tendrá impacto en el país, cuando el privilegio de la política pública es la reducción de la inflación a cualquier costo.
No hay confianza en la perspectiva económica local, pese al crecimiento de la macroeconomía del 4,4% para el pasado año y cifras un poco menores previstas para este 2026.
Una desconfianza que explica la reticencia a la baja del riesgo país, aun con la data de crecimiento señalada. El shock externo genera incertidumbre global y los capitales excedentes buscan mercados seguros, alejándose de las cuantiosas ofertas de rentabilidad que ofrece la economía de la Argentina.
Milei sostiene que solo unos pocos sectores no resultan competitivos, curiosamente, esos que son definitorios en la creación y difusión del empleo y parte sustancial del ingreso popular, o sea, de la población trabajadora.
Son sectores que activan el consumo y la inversión de sectores empresarios pequeños y mediados vinculados a la capacidad de ingreso de la mayoría social. No es el objetivo de la política pública.
Desde el gobierno se demanda el ingreso de divisas, necesario para atender vencimientos y aumentar reservas internacionales, según compromiso con los acreedores externos, especialmente el FMI.
Esas compras de divisas provenientes del superávit comercial o de préstamos supone emisión monetaria, la que debe ser esterilizada con nueva deuda vía emisión de bonos públicos.
La no emisión es un condicionante de la ideología gubernamental, por lo que la contrapartida es la emisión de deuda pública.
En definitiva, una rueda interminable de vencimientos a corto y mediano plazo, compitiendo con el gasto social, por lo que el horizonte es de mayor ajuste sobre el gasto público social.
Según anuncia el gobierno, este 2026 incorporará 10.000 millones de dólares a las reservas, lo que supone emisión y esterilización con nuevos bonos (deuda pública) por ese volumen.
Como la decisión es no emitir, lo que existe es una baja liquidez y ante la demanda de dinero ocurre una suba de las tasas de interés, complicando aún más la reactivación económica, y agudizando el problema de la mora crediticia.
Resulta así una rueda sin fin de caída de la producción, del ingreso popular y del consumo, con más ajuste y endeudamiento. La generalización de la miseria impone la necesaria reversión de esta realidad de concentración del ingreso y de la riqueza.
Buenos Aires, 9 de marzo de 2026
https://sepla21.org/argentina-en-venta-html/Capítulo ArgentinaLa guerra es una calamidad social que se manifiesta en muertes y devastación de infraestructura y condiciones de vidas, en Gaza o en Teherán, al mismo tiempo que aumentan los precios de las commodities, especialmente el petróleo y las materias primas asociadas a los alimentos, y con ellos, la...Julio César GambinaJulio César Gambina
jcgambina@gmail.comAuthorSEPLAPor su parte, el belicismo incrementa el gasto militar mundial y disputa los usos sociales de los recursos públicos. Más inflación y presupuesto bélico está vinculado al endeudamiento público y privado, potenciando las tendencias especulativas del objetivo capitalista por la rentabilidad.
Resulta entristecedor observar como los grandes capitales y los gobernantes que los representan se frotan las manos pensando en jugosos ingresos, ganancias e incremento de una dinámica propia de acumulación y de poder.
Muerte, destrucción, junto a las ganancias y la acumulación son elementos esenciales del escenario de guerra. La violencia está en el origen y en la continuidad del orden capitalista. No hay novedad, es una constante y convoca a frenarlo y revertirlo.
Una feria para las inversiones en Nueva York
En ese marco y con el crecimiento de la producción y exportación de energía, la Argentina presenta en Nueva York su feria para futuras inversiones: “Argentina Week”.
A la ciudad neoyorkina se trasladó la cabeza del ejecutivo nacional para ofertar al país, especialmente la disponibilidad de bienes comunes. La expectativa son inversiones mineras, energéticas, agro ganaderas y del sector de la economía del conocimiento, potenciando la alianza con el capital financiero mundial.
Las inversiones buscadas constituyen la salvación de la política oficialista, especialmente ante la caída del consumo.
El gobierno sabe que el crecimiento económico tiene su debilidad en la caída de la producción industrial, del comercio y la construcción, sectores preponderantes al momento de definir el empleo.
Ante el cierre de empresas y el desempleo creciente, la alternativa de empleo es informal, sin registración ni seguridad social.
Por eso hay necesidad de radicar inversiones externas que aumenten la producción y la exportación, asegurando ingresos de divisas que puedan resolver el cumplimiento de importantes vencimientos de deuda.
Hasta ahora, el ingreso de divisas provenía de las ventas del complejo sojero y agro-ganadero más el endeudamiento y la especulación financiera.
Ahora aparece como novedad el sector minero, el energético y el de la economía del conocimiento.
El sector energético fue superavitario en 2025, con exportaciones por 11.000 millones de dólares e importaciones, especialmente combustible, por un poco más de 3.000 millones aproximadamente.
Con el crecimiento del precio internacional del petróleo y el gas por el ataque militar sobre Irán, el gobierno liberal libertario especula con atraer inversores hacia el modelo productivo imaginado: agro-negocio de exportación, minería, energía, economía del conocimiento y finanzas.
Piensan en potenciar las inversiones externas, especialmente cuando el consumo aparece debilitado por ingresos populares, salarios y jubilaciones, disminuidos. Pero también es floja la inversión local. Necesitan compensar la baja del consumo con el aumento de la inversión.
Shock externo e inflación
Claro que el shock externo incrementa la inflación internacional y tendrá impacto en el país, cuando el privilegio de la política pública es la reducción de la inflación a cualquier costo.
No hay confianza en la perspectiva económica local, pese al crecimiento de la macroeconomía del 4,4% para el pasado año y cifras un poco menores previstas para este 2026.
Una desconfianza que explica la reticencia a la baja del riesgo país, aun con la data de crecimiento señalada. El shock externo genera incertidumbre global y los capitales excedentes buscan mercados seguros, alejándose de las cuantiosas ofertas de rentabilidad que ofrece la economía de la Argentina.
Milei sostiene que solo unos pocos sectores no resultan competitivos, curiosamente, esos que son definitorios en la creación y difusión del empleo y parte sustancial del ingreso popular, o sea, de la población trabajadora.
Son sectores que activan el consumo y la inversión de sectores empresarios pequeños y mediados vinculados a la capacidad de ingreso de la mayoría social. No es el objetivo de la política pública.
Desde el gobierno se demanda el ingreso de divisas, necesario para atender vencimientos y aumentar reservas internacionales, según compromiso con los acreedores externos, especialmente el FMI.
Esas compras de divisas provenientes del superávit comercial o de préstamos supone emisión monetaria, la que debe ser esterilizada con nueva deuda vía emisión de bonos públicos.
La no emisión es un condicionante de la ideología gubernamental, por lo que la contrapartida es la emisión de deuda pública.
En definitiva, una rueda interminable de vencimientos a corto y mediano plazo, compitiendo con el gasto social, por lo que el horizonte es de mayor ajuste sobre el gasto público social.
Según anuncia el gobierno, este 2026 incorporará 10.000 millones de dólares a las reservas, lo que supone emisión y esterilización con nuevos bonos (deuda pública) por ese volumen.
Como la decisión es no emitir, lo que existe es una baja liquidez y ante la demanda de dinero ocurre una suba de las tasas de interés, complicando aún más la reactivación económica, y agudizando el problema de la mora crediticia.
Resulta así una rueda sin fin de caída de la producción, del ingreso popular y del consumo, con más ajuste y endeudamiento. La generalización de la miseria impone la necesaria reversión de esta realidad de concentración del ingreso y de la riqueza.
Buenos Aires, 9 de marzo de 2026
