¡Qué grande Brasil! ¡La política lo puede si el pueblo lo asume!
Ese fue mi primer mensaje o reacción ante el triunfo en segunda vuelta de Lula sobre Bolsonaro hijo en Brasil, ya que el dato relevante es la movilización social con más de 10 millones votos sumados a los obtenidos en primera vuelta para el candidato del PT, producto de una batalla política cuerpo a cuerpo y con colectivos sociales movilizados en la disputa electoral para revertir el resultado de la primera vuelta.
Claro que quedan las mayorías parlamentarias del “bolsonarismo” y un conjunto de gobernaciones de Estados de gran peso económico y político en manos de la ultraderecha, además de un 49% de opción electoral que marca la polaridad de la política en Brasil en un marco de enormes desafíos locales y globales. Entre estos y nada menor estaba la aspiración de Donald Trump de avanzar en su política exterior de homogeneizar a los gobiernos latinoamericanos detrás de las posiciones de la política exterior estadounidense. En lo local, la agenda de demandas populares es inmensa y se manifiesta en el descontento a la política pública de los últimos años.
Brasil es el país más poblado y la principal economía de la región, de ahí la relevancia del acontecimiento. Además, es protagonista importante en la agenda global por encontrar caminos de integración no subordinados a la hegemonía capitalista. Es la posibilidad de retomar rumbos de integración pensados desde la región para la independencia y la defensa soberana d elas demandas populares.
No era ni es lo mismo lo mismo el triunfo de uno o de otro. La región y el mundo estaban atentos a estos resultados, en un marco de incertidumbre global de la economía y la política.
El rumbo civilizatorio está en discusión y no da lo mismo un alineamiento incondicional con la ofensiva del capital, de la ultraderecha y de la política exterior imperialista estadounidense.
La sucesión de próximas elecciones en Israel, en EEUU, incluso en España, entre otras, son expresión de los dilemas de la época.
El acontecimiento brasileño acontece en un tiempo de desconformidad social masiva con la “política”, la de la derecha y la “progresista” limitada a la conciliación de clases y al posibilismo, en tiempos de baja de ingresos populares, salarios y jubilaciones, de pérdida de seguridad social, no solo en educación y salud, sino creciendo la precariedad laboral, la explotación y el deterioro de las condiciones de vida de la mayoría de la población, con afirmación de la discriminación de género o racial.
Lo increíble es que esta ofensiva a favor de la ganancia ocurre globalmente, cuando la innovación tecnológica, especialmente la inteligencia artificial, ofrece un mensaje de optimismo que resulta contradictorio con el crecimiento de la explotación y la desigualdad.
¿Y ahora?
Por eso vale destacar el freno a la ofensiva de la ultraderecha, que parecía imparable. “No todo está perdido” dice la poesía y es una verdad si la asume como proyecto una parte importante de la sociedad.
Ahora empezará otra historia, y el nuevo gobierno en Brasil deberá leer adecuadamente la derrota y la crítica del resultado en primera vuelta y la inmensa movilización en el balotaje para redefinir rumbos de política interior y exterior.
Son temas que ya están en debate en Brasil y en la región, pero también en el mundo, abriendo múltiples interrogantes sobre iniciativas a desplegar, nacional, regional y mundialmente.
¿Qué hacer ante el avance de las ultraderechas en sus versiones neofascistas y las faltas de propuestas de recreación de alternativas que reinstalen una perspectiva por cambios revolucionarios?
La inmensa movilización popular indica que hay voluntad y posibilidad de construir rumbos alternativos.
En la continuidad de ese impulso movilizador se define el dilema. O se retoma un programa de cambios favorables a la mayoría social afectada por la agenda del capital o se mantiene un ineficaz relato crítico que subordina las políticas públicas al límite de lo posible bajo la lógica capitalista en crisis.
Perdió Bolsonaro, Trump, Milei y la ultraderecha en los gobiernos regionales y del mundo, habilitando nuevos debates y expectativas en la búsqueda por nuevos horizontes civilizatorios.
La innovación tecnológica puede servir a solucionar problemas de nuestro tiempo si es que se incorpora en una agenda que privilegie la solución de problemas cotidianos del “vivir bien” o el “buen vivir” como demanda la consigna recreada de los pueblos originarios y la dinámica de lucha del movimiento popular.
El resultado electoral de Brasil es una puerta esperanzada en la búsqueda no dogmática para recrear bajo nuevas condiciones el debate entre fascismo y socialismo.
Julio César GambinaCapítulo Argentina¡Qué grande Brasil! ¡La política lo puede si el pueblo lo asume! Ese fue mi primer mensaje o reacción ante el triunfo en segunda vuelta de Lula sobre Bolsonaro hijo en Brasil, ya que el dato relevante es la movilización social con más de 10 millones votos sumados a...Sociedade de Economia Política Latinoamericana